Desafiar

Hay muchas frases acerca del desafío. Por ejemplo, Morgan Freeman dijo: “Desafíate a ti mismo; es el único camino que conduce al crecimiento”. Una vez escuché a alguien en una conferencia decir: “Sé tu mayor competidor. Desafíate cada día a ti mismo para ser mejor de lo que fuiste ayer”. El siguiente dicho, me gustó bastante y dice: “Cuanto más grande es el desafío, mayor es la oportunidad”. En otras palabras, debemos ver los desafíos como oportunidades. Esto parece ser un enfoque bíblico y muy eficaz.

La vida está llena de desafíos que se convierten en oportunidades. Sin embargo, por más que nos desafiemos, el gran desafío es llegar a ser todo lo que Dios tiene diseñado para cada uno de nosotros. Por más ganas que le echemos a la vida, si no conocemos a Dios, nuestros desafíos serán hechos en vano. Dios muchas veces no desea que pasemos por lo más fácil, pero sí por lo que es necesario para nuestro crecimiento espiritual.

Solo poniendo nuestros ojos en Dios podremos desafiarnos a conquistar nuevos horizontes en Su voluntad. Como dicen por ahí: “El hombre no puede descubrir nuevos océanos a menos que tenga el valor de perder de vista la costa”. ¿Estás mirando a Jesús? La Biblia dice en Colosenses 3:16, “16 Que el mensaje de Cristo, con toda su riqueza, llene sus vidas. Enséñense y aconséjense unos a otros con toda la sabiduría que él da. Canten salmos e himnos y canciones espirituales a Dios con un corazón agradecido” (NTV).

Animar

Escuché la siguiente frase en la sala de espera de un hospital, mientras un señor de edad aconsejaba a quien parecía ser su nieto. Le decía: “Siempre que dudes de lo lejos que puedes llegar, solo recuerda lo lejos que has llegado. Recuerda todo lo que has enfrentado, todas las batallas que has ganado y todos los temores que has superado”. Me encantaron esas palabras de las cuales tomé nota rápidamente.

Qué tan necesario es animarnos unos a otros porque la felicidad no es la ausencia de problemas, sino la habilidad de tratar con ellos y una de las mejores armas para hacerlo es a través del ánimo. El ánimo es como el sol que sale después de una larga tormenta. Quizá ya sepas que va a salir o lo que la persona te va a decir, pero necesitas escucharlo. El animar es mantener los ojos fijos hacia delante, reconociendo lo que puedes hacer y nunca mirando hacia atrás en lo que no puedes cambiar.

Dios es el primero que nos anima a seguir adelante. Él nos dice que estará siempre con nosotros, que nos ayudará a pelear nuestras batallas, que Él ya venció la muerte y que no tengamos temor de proseguir. De modo que anímate y anima a alguien más. Será de bendición para tu vida y para los demás. La Biblia dice en 1 de Tesalonicenses 5:11, “Por lo cual, animaos unos a otros y edificaos unos a otros, así como lo estáis haciendo” (RV1995).

Descubrir

¿Te has dado cuenta de los descubrimientos más asombrosos de la historia? Algunos de ellos son de hallazgos arqueológicos, otros de índole ancestral, algunos con relación a culturas, civilizaciones y demás. Muchos de ellos corroboran el dicho que viene en la Biblia que dice: “No hay nada realmente nuevo bajo el sol”(Eclesiastés 1:9b, NTV).

Se han descubierto muchas cosas en relación a la naturaleza, al cuerpo humano y a la humanidad. Sin embargo, se ha corroborado que lo que dice la Palabra de Dios es verdad. Se han comprobado muchos de los relatos y milagros narrados en el Antiguo Testamento. Se han cumplido muchas de las profecías escritas en referencia al Mesías, Jesús. Se ha comprobado que Jesús sí vino, realizó prodigios, murió, resucitó y ascendió al cielo. Tanto historiadores como la literatura filosófica corroboran quién es Jesús.

El hombre ha “descubierto” una y otra vez que separado de Dios, no puede hacer mucho. Se ha corroborado que el hombre es pecador y no puede salvarse a sí mismo, por eso necesita a un Salvador. El mayor descubrimiento que puede existir es conocer a Jesús, creer en Él, vivir por Él y esperar en Él. Y tú ¿conoces a Jesús? La Biblia dice en Juan 17:3, “Y la manera de tener vida eterna es conocerte a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú enviaste a la tierra”, (NTV).

Administrar

Stephen R. Covey dijo: “La administración es disciplina puesta en práctica”. ¿Has pensado que la administración tiene que ver con la disciplina? Muchas veces evaluamos la administración en cuestión de la mayordomía. Sin embargo, la administración va interrelacionada con la disciplina. Es decir, la mayordomía está conectada directamente con los hábitos que se convierten en disciplinas lo cual conduce a una buena mayordomía.

Para administrarte de mejor manera debes considerar lo siguiente: ¿Cuáles disciplinas diarias rigen mi vida? ¿Cómo estoy administrando mi tiempo? ¿Cuáles son los hábitos que me ayudan a desarrollar buenas disciplinas y aquellos que se convierten en un obstáculo para que crezca como un buen administrador? ¿Cómo está distribuido mi tiempo y en qué invierto mis recursos? ¿Cuál ha sido el resultado de las disciplinas que rigen mi accionar? Por último ¿cómo puedo progresar?

Dios desea que seamos buenos administradores. Es más, su primer mandato para el hombre en Génesis fue “Gobernar la tierra y administrarla”. Entonces, ¿cómo está tu administración? Pídele a Dios. Él te ayudará a ser un mejor mayordomo de que lo que depositado en tus manos. La Biblia dice en 1 Crónicas 29:12, “12 La riqueza y el honor solo vienen de ti, porque tú gobiernas todo. El poder y la fuerza están en tus manos, y según tu criterio la gente llega a ser poderosa y recibe fuerzas” (NTV).

¿El Temor Te Está Frenando?

¿Sientes que el temor te está frenando? ¿Sientes que el miedo no te deja hacer ni alcanzar todo lo que puedes? Como dice una frase: “La persona más peligrosa es una que este llena de miedo. Esa es la que hay que temerle más”. El temor es paralizante y frustrante. Usualmente hay tres tipos de temor que evitarán que desarrolles tus talentos y cumplas tu propósito.

Primero es “dudar de ti mismo”. Eso mantiene a las personas encerradas en una prisión e incapaces de desarrollar su potencial. Este es en realidad el temor al fracaso. ¡Pero el fracaso no tiene que ser fatal! De hecho, el temor al fracaso es mucho peor que el fracaso en sí mismo. El fracaso es como aprendes lo que no funciona.

En segundo lugar es tu auto-consciencia. Si te preocupas sobre lo que otras personas piensan, no harás nada en tu vida. Solo tienes que hacer lo que Dios te dice que hagas. Eso es todo lo que cuenta.

Por último, es tu auto-compasión. Habían dos discípulos quienes tuvieron grandes fracasos. Pedro y Judas, ambos negaron a Jesús en momentos de crisis, pero cada uno respondió a su fracaso de forma diferente. Judas se fue y tuvo mucho remordimiento y luego se colgó. Pedro, por otro lado, lloró amargamente, se avergonzó de lo que hizo, se arrepintió y le pidió perdón a Dios. Luego, se levantó y regresó a servir a Dios. En lugar de vivir con miedo, cree lo que Dios tiene para ti. La Biblia dice en el Salmo 56:3, “Cuando siento miedo, pongo en ti mi confianza” (NVI).

Delegar

Parte de vivir en comunidad y trabajar en equipo es saber delegar lo cual parece ser algunas veces desafiante y hasta difícil. Por ahí escuché una frase que dice: “Delega, porque sino acabarás haciéndolo todo tú y desperdiciando las capacidades de otros”. Este es un gran principio. Otra frase similar dice lo siguiente: “Puedes lograr lo que quieras cuando dejes de intentar hacerlo todo”. Entonces el delegar es esencial para aprender en el caminar de nuestra vida.

De la misma manera, se me viene a mente el dicho que en repetidas ocasiones he recordado: “Si deseas llegar cerca, ve rápido y solo, si deseas llegar lejos, ve lento, pero con otros a tu lado”. A nivel personal, el delegar no ha sido una tarea fácil, pero cuando se hace de la manera correcta, se puede experimentar el gozo de trabajar juntos hacia una meta especial. Pero ¿qué es lo que nos impide delegar? Lo primero es dejar el control de dicha labor a otra persona. Lo segundo es pensar que él o ella no lo haría tan bien como nosotros. Lo tercero es el temor a los resultados no esperados. Lo último, es la percepción que tenemos que otros puedan pensar que nosotros ya no lo queremos hacer. Sin embargo, la Palabra de Dios nos muestra una y otra vez este principio de la delegación.

El suegro le compartió este consejo a Moisés quien ya estaba por colapsar en su labor. Y tú ¿qué tienes que delegar? ¿A quién tienes que delegarle algo? La Biblia dice en Gálatas 6:2, “Ayúdense unos a otros a llevar sus cargas, así cumplirán la ley de Cristo” (NIV).

Haciendo Lo Que Está Mal

¿Qué pasa cuando sabes que lo que estás haciendo está mal? La prueba de nuestra integridad consiste en que nuestra vida pública y privada concuerden. De la misma manera, la integridad se muestra al saber si lo que está en nuestro corazón y lo que sale de nuestra boca concuerda. Nos podemos hacer la siguiente pregunta: ¿Quisiera que todos supieran de está decisión que estoy tomando? Porque cuando se trata de integridad, aunque engañes a otros, no te puedes engañar a ti mismo. El violar nuestra consciencia nos pasará la cuenta de cobro rápidamente.

Muchas veces sabemos que vamos a hacer lo que está mal. Sin embargo, nos alberga el siguiente pensamiento: “Yo sé que estoy haciendo algo incorrecto, pero lo haré de todas formas porque sé que Dios es un Dios perdonador”. Entonces, ¿crees que puedes hacer algo que está mal y no sufrir las consecuencias en tu vida? Esta es la principal razón por la cual Dios no quiere que lo hagas. No lo es por prohibirte algo que te producirá un placer momentáneo o un gozo efímero, es porque no quiere que afrontes consecuencias innecesarias que desvíen el plan perfecto para tu vida. Él sabe que cada mala decisión dejará una cicatriz, aparte del dolor profundo por el cuál tendrás que pasar.

Entonces, piensa antes de “hacer lo que esta mal”. Por supuesto que Dios te perdona, pero te evitarás sufrimiento, pérdidas y muchas consecuencias innecesarias. La Biblia dice en Proverbios 10:9, “Quien se conduce con integridad anda seguro; quien anda en malos pasos será descubierto” (NVI).

Compartir

Una vez leí una frase que cautivó mi atención y dice: “El propósito de la vida no es ganar. El propósito de la vida es crecer y compartir”. Esta es una gran verdad. Nuestra vida cobra más sentido cuando descubrimos para qué hemos sido diseñados, cómo podemos usar nuestro diseño y crecer al cumplir el propósito de nuestro diseño. En otras palabras, no hay manera de descubrir el sentido de nuestra vida sin compartir en nuestro vivir.

¿Qué podemos compartir? Hay muchas cosas que podemos compartir como nuestro tiempo, nuestros recursos, nuestras experiencias, nuestro conocimiento, nuestros dolores, nuestros temores, nuestros éxitos y victorias, nuestras derrotas y frustraciones. En fin, podemos compartir mucho. Es más, muchas veces compartimos nuestro corazón, pero debemos tener cuidado con quién lo compartimos.

Dios desea que compartamos con otros. Esta palabra esta compuesta por dos. La palabra “con” y la palabra “partir”. Nos da la connotación de que dos partes se unen con un propósito en especial y particular. Entonces ¿qué estás compartiendo? La Biblia dice en Proverbios 11:15 “El que es generoso prospera; el que reanima será reanimado” (NVI).

Discutir

“Ya no discutas más” son las palabras que he escuchado en el transcurso de mi vida cuando he presenciado altercados y diferencias que son un poco desagradables. Las discusiones pueden desafiarnos hacia lo bueno o hacia lo malo. Usualmente son una prueba hacia nuestro carácter. La diferencia radica en la paciencia que ejercemos al enfrentar cada una de ellas. Herbert Spencer dijo: “Conserva la calma en las discusiones, porque el apasionamiento puede convertir el error en falta y la verdad en descortesía”.

Las discusiones son una prueba del control de nuestras emociones. Usualmente, las discusiones se suscitan por la falta de control emocional. Entonces ¿qué hacer cuando se está discutiendo? Pensar antes de actuar. No reaccionar en ira, ni por impulso. No dar rienda a nuestras emociones ni a nuestras palabras. Callar cuando sea necesario. Calmarnos antes de actuar. Orar a Dios para responder de la mejor manera posible y retirarnos de la persona o del lugar en caso que la situación este por salirse de las manos.

En conclusión: “No le demos rienda ni a las emociones ni a nuestras palabras”. Nos evitaríamos muchas de nuestras discusiones. La Biblia dice en Proverbios 15:1, “La respuesta amable calma el enojo, pero la agresiva echa leña al fuego” (NVI)

Batallar

“Yo no quiero batallar”. Esa es la expresión que comúnmente se usa para comunicar que no se desea lidiar con algo o alguien en particular. El “no batallar” sería el sueño de muchos. Sin embargo, las batallas son parte natural y esencial de la vida. Una vida sin pruebas y batallas no sería vida. Por lo menos en la esfera humana y finita. Entonces ¿cuál postura debemos adoptar en cuanto a las batallas?

Primero, no debemos evadir ni evitar las batallas. Estas nos enseñarán, nos fortalecerán y nos permitirán disfrutar del sentido de victoria que no se experimenta sin pasar por ellas. Segundo, debemos prepararnos en cuanto este de nuestra parte antes de que estas lleguen. Tercero, debemos afrontarlas con una postura de fe y como parte de una familia espiritual. Las batallas no se deben afrontar en asolamiento. Cuarto, debemos pedir consejo y dirección a Dios y a otros quienes hayan pasado victoriosos por ellas. Finalmente, debemos esperar la intervención poderosa de Dios. Él nos fortalece, nos da dirección, pelea por nosotros y nos da la victoria cuando es Su voluntad.

Así que, deja que Él pelee tus batallas. La Biblia dice en Deuteronomio 3:22 , “No les tengas miedo, que el Señor tu Dios pelea por ti” (NVI).