Ser Feliz

La mayor parte de las personas desean ser felices o encontrar una felicidad plena. Sin embargo, “ser feliz no es tener una vida perfecta, ser feliz es reconocer que la vida vale la pena a pesar de todas las dificultades y saber que Dios está a tu lado”. Benjamín Franklin lo expresó muy bien cuando dijo: “La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días”.

La felicidad no es solo un sentimiento, es una condición del corazón en la que se debe trabajar todos los días para que se convierta en una constante diaria. Como diría el gran filósofo Aristóteles: “Solo hay felicidad donde hay virtud y esfuerzo serio, pues la vida no es un juego”. La felicidad se encuentra en amar y ser amado y eso solo se encuentra en Dios porque Dios es amor. En otras palabras, no se puede ser feliz sin conocer a Dios. De no ser así, llenaremos nuestra vida de personas, cosas, circunstancias y situaciones que nunca nos darán una felicidad plena. Entonces, ¿de dónde proviene la fuente de tu felicidad? Si proviene de otros, de las circunstancias o de ti mismo, no podrás ser totalmente feliz.

Busca a Dios y serás una persona que aunque tenga circunstancias de prueba y adversidad, podrá ser verdaderamente feliz. La Biblia dice en el Salmo 16:11, “11 Me mostrarás el camino de la vida, me concederás la alegría de tu presencia y el placer de vivir contigo para siempre” (NTV).

Algo Poderoso

“No hay nada más poderoso que la oración, no hay nada más fuerte que la fe y no hay nada más grande que Dios”. Esto es una verdad espiritual. ¡No hay nada ni nadie más grande que Dios! ¿Crees en la grandeza de Dios? Algunos prefieren creer en un Dios pequeño, limitado y confinado. Sin embargo, Dios es grande y soberano sobre todas las cosas. Muchas personas ven a Dios todos los días, pero no le reconocen. Les cuesta reconocer que Él está allí, listo y dispuesto a mostrar Su poder para con cada uno de nosotros.

Algo poderoso que Él nos ha dejado son Sus promesas. Sus promesas son como las estrellas, entre más oscura es la noche, más fuerte brillan. En otras palabras, Sus promesas se hacen reales en los momentos que más las necesitamos. Es por eso que debemos confiar en el poder y el amor de Dios, aun en la hora más oscura de nuestro temor y dolor, porque ninguna fuerza supera el poder del amor de Dios. Él sabe en qué tiempo entregarte cada cosa que pides, en privarte de lo que no necesitas y proveerte todo lo necesario de acuerdo a Su voluntad.

Como dicen por ahí: “Si dejas todo en las manos de Dios, verás la mano de Dios en todo”. Yo diría: “Si dejas todo en las manos de Dios, verás Su poder en acción”. La Biblia dice en Éxodo 15:6, “Tu diestra, Señor, reveló su gran poder; tu diestra, Señor, despedazó al enemigo” (NTV).

Oración que trabaja

Leí la siguiente frase y tomé nota de ella: “Cuando tú oras, Dios te escucha. Cuando tú escuchas, Dios te habla y cuando tú crees, Dios trabaja” Esta es una gran verdad. Debemos mejorar en nuestra vida de oración. Como dicen por ahí: “La oración debería ser la llave del día y el cerrojo de la noche”. La oración es comunicarnos directamente con nuestro Señor. La oración dilata el corazón hasta el punto de hacerlo capaz de contener el don que Dios nos hace de sí mismo.

La madre Teresa de Calcuta, al ser misionera en la India y lidiar con el dolor humano de primera mano, profirió las siguientes palabras: “El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor y el fruto del amor es el servicio”.

La oración que trabaja es aquella elevada con un corazón sincero, a través de la persona de Jesús y en el poder del Espíritu Santo. Te aseguro que la oración sí funciona. De modo que ora sin cesar y con todo tu corazón, porque la oración no cambia a Dios, pero sí cambia a quien ora. La Biblia dice en Jonás 2:7, “Al sentir que se me iba la vida, me acordé del Señor, y mi oración llegó hasta ti, hasta tu santo templo” (NTV).

El gran amor de Dios

“Dios es mi abogado, mi mejor amigo, mi Salvador, el que me acompaña cuando estoy solo y el que se queda conmigo cuando todos parten. Dios es fiel, no traiciona y Su amor es eterno”. El gran amor de Dios basta para todo, por eso, ten fe en Él ya que Él te puede sorprender en cualquier momento. Su amor ha transcendido a todo tipo de barrera y de línea de tiempo.

Dios es el camino, la verdad y la vida. Dios es nuestra salvación y nuestra gloria. Es la roca que nos protege y que nos fortalece. Él es nuestro refugio, nuestro faro y nuestro guía. Dios no tiene teléfono, pero cuando le llamamos, nos escucha. Él no está en Facebook, pero es nuestro verdadero amigo. Él no usa Twitter, pero somos sus seguidores. No hay silencio que Dios no entienda, ni tristezas que Él no sepa. No hay amor que Él ignore, ni lágrimas que no valore porque nos ama.

Como dice el antiguo canto de niños: El amor de Dios es maravilloso. ¡Tan grande es el amor de Dios! Tan alto que no puedo estar arriba de él. Profundo que no puedo estar debajo de él. Tan ancho que no puedo estar afuera de él. ¡Tan grande es el amor de Dios! La Biblia dice en 1 Juan 3:1, “Miren con cuánto amor nos ama nuestro Padre que nos llama sus hijos, ¡y eso es lo que somos! Pero la gente de este mundo no reconoce que somos hijos de Dios, porque no lo conocen a él” (NTV).

Recuerdos

El famoso inglés, William Shakespeare, en su obra famosa, “Romeo y Julieta”, expresó: “Conservar algo que me ayude a recordarte sería admitir que te puedo olvidar”. Los recuerdos en nuestra memoria son vitales para lo que sentimos, expresamos y vivimos. Muchos de estos recuerdos trabajan como propulsores animándonos para seguir adelante y otros, se convierten en obstáculos para dejarnos vivir.

Las memorias son muy preciadas porque al final de cuentas ellas nos transportan a los momentos más épicos y de suprema felicidad como a los momentos más trágicos que no deseamos repetir. Dr. Seuss, famoso autor de libros de niños dijo: “A veces no te darás cuenta del valor de un recuerdo hasta que se convierta en memoria”. Los mejores recuerdos no están en las fotos, ni en nuestra memoria, están en nuestro corazón. Como dicen por ahí: “Después de los grandes momentos, quedan inolvidables recuerdos”.

En repetidas ocasiones, Dios le pidió a Sus siervos y a Su pueblo que recordaran Sus bondades, Su fidelidad y Su misericordia. Dios les anima a recordar las maravillas que Él había hecho cuando tendían a olvidarse de Él. ¿Recuerdas lo bueno que Dios ha sido contigo? La Biblia dice en Proverbios 10:7, “Tenemos buenos recuerdos de los justos, pero el nombre del perverso se pudre”, (NTV).

Esperar de Otros

Sylvia Plath en su libro, “La Campana de Cistal”, dice: “Si no esperas nada de nadie, nunca estarás decepcionado”.
La verdad es que vivimos en un mundo de expectativas. Esperamos que otros digan y hagan cosas que nunca se expresan ni se hacen. Esperamos que otros cambien algo que usualmente no cambia. Esperamos sorpresas que no llegan y situaciones que no se suscitan. Esperamos tanto de los demás que constantemente nos decepcionamos.

El ser humano está lleno de expectativas de otras personas. Por ejemplo, esperamos que otros digan para nosotros decir o que otros cambien ciertas cosas para nosotros poder cambiarlas. Las estadísticas arrojan que el ser humano usualmente espera más de lo que recibe y que da más de lo que otros le pueden dar. El resultado es que se suscita una auto-decepción al saber que otros no dan lo que nosotros damos y que no se esfuerzan como nosotros lo solemos hacer. Lo más complicado es cuando se espera algo de alguien que nunca suele llegar lo cual causa una gran desilusión.

De modo que si esperas siempre en otros, estos te decepcionarán, pero si esperas en Dios, nunca saldrás decepcionado. La Biblia dice Lamentaciones 3:25, “Bueno es Jehová a los que en Él esperan, al alma que le busca” (RV1960).

Elecciones vs. Habilidades

Una de las frases de Harry Potter dice: “Son nuestras elecciones las que muestran lo que somos, mucho más que nuestras habilidades”. Puedes ser muy hábil y poseer de muchas destrezas, pero sino tomas buenas decisiones, demostrarás mucha falta de sabiduría. Las habilidades no son la garantía para ser exitoso, ya que el mundo está lleno de personas supremamente talentosas, pero que no toman buenas decisiones.

Como lo bien lo expresa la frase, quienes somos se demuestra en nuestro accionar en nuestro diario vivir. Más que las palabras, que las posiciones o títulos académicos que podamos tener, nuestra mejor carta de presentación se llama “testimonio”. En cierta manera, lo que más nos debe atraer o alejar de una persona debe ser su forma de actuar. Somos un libro abierto y andante. Cada palabra es importante, pero cada acción es esencial. Tanto lo que decimos como lo que hacemos muestra que tan hábiles podremos ser.

Sin embargo, para poder elegir bien y tomar las mejores decisiones, necesitamos la sabiduría de Dios. Lo mejor es que Él promete otorgarnos dicha sabiduría en cuanto se la pidamos. Entonces, pidamos de Su sabiduría hoy. La Biblia dice en Santiago 1:5, “5 Si necesitan sabiduría, pídansela a nuestro generoso Dios, y él se la dará; no los reprenderá por pedirla” (NTV).

Personas

Una vez escuché un dicho que me hizo reír que dice: “Algunas personas causan felicidad a donde van, otras cuando se van”. Esa puede llegar a ser una experiencia que todos hemos vivido. La convivencia con otros puede llegar a ser desafiante, pero a su vez gratificante. Ha sido el diseño de Dios hacernos parte de una comunidad. Es decir, no podemos vivir la vida sin interactuar y aprender de otros alrededor nuestro.

Podemos aprender de todos y en cualquier circunstancia. Se puede aprender de los niños quienes con su fe simple pero a su vez profunda, confían más que los adultos. Se puede aprender de los jóvenes quienes con su fuerza y ánimo alcanzan muchas cosas. Se puede aprender de las pruebas que de los adultos, quienes con las experiencias demuestran su carácter emprendedor y luchador. Se puede aprender de los adultos mayores quienes con sus años irradian de sabiduría cada lugar a donde van. Entonces, podemos aprender de todos.

La Palabra de Dios está llena de episodios donde unas personas aprendieron de otras, lo cual fue vital para su crecimiento espiritual. ¿Estas dispuesto(a) para aprender de otras personas? Si no lo haces, te perderás de mucho. La Biblia dice en Filipenses 4:9, “9 No dejen de poner en práctica todo lo que aprendieron y recibieron de mí, todo lo que oyeron de mis labios y vieron que hice. Entonces el Dios de paz estará con ustedes” (NTV).

Vivir

Gandhi dijo: “Vive como si fueras a morir mañana, aprende como si fueras a vivir siempre”. Debemos detenernos, evaluar lo que es importante y disfrutar de la vida, porque el ser humano se complace en enumerar sus pesares, pero también en relatar sus alegrías. Esto nos hace pensar en la brevedad de la vida y en la importancia de la misma.

Por lo tanto, debemos vivir cada día como si fuera el último día. Debemos vivir dando el todo de nosotros, reconociendo la presencia de Dios, Sus más preciadas enseñanzas y disfrutando el andar en Su voluntad. Cada día cuenta a la luz de la eternidad sobretodo cuando estamos caminando en los propósitos divinos. Es anti-bíblico pensar que la vida eterna comienza una vez y muramos. La vida eterna comienza desde el día que reconocemos a Jesús como Salvador y Señor de nuestra vida. Desde ese mismo día, todo lo que hacemos tiene repercusiones eternas.

De modo que, “vive como si fueses a morir mañana y aprende en el hoy”. Cada día tiene sumas enseñanzas, ¿deseas aprender del hoy y esperar con esperanza el día de mañana? Oremos cada día como el salmista que dijo en el Salmo 24:5, “5 Señor, hazme conocer tus caminos; muéstrame tus sendas” (NIV).

Opiniones

Steve Jobs, el creador de Apple, dijo: “No dejes que el ruido de las opiniones ajenas apaguen tu voz interna”. El ser humano tiende a fijarse y a basarse mucho en las opiniones de otras personas. Es más, inconscientemente muchos trabajan para cambiar, acentuar o modificar la percepción de opinión que tengan en cuanto a ellos. En esto tenía razón San Agustín cuando dijo: “Los seres humanos son curiosos para averiguar vidas ajenas y perezosos para corregir la propia”.

La verdad es que no podemos basar nuestras vidas solo en las opiniones de los demás. Si lo hacemos, corremos el riesgo de cambiar lo que verdaderamente somos para placer a los demás, de mentir o fingir sin necesidad, de actuar falsamente y de cometer errores innecesarios. Entonces, ¿qué debemos hacer? Demostrar respeto por las opiniones ajenas, apreciar los comentarios constructivos y que nos ayudan a crecer, desechar las opiniones malas y que no tienen ningún sentido, emitir opiniones justas y verídicas en referencia a los demás y entender que la opinión que más vale para nosotros es la opinión de Dios.

Hazte las siguientes preguntas: ¿Qué piensa Dios de mi? ¿Cómo podría mejorar para que Dios tenga un mejor concepto de mi mismo? Te aseguro y esto te ayudará a mejorar la opinión que otros tienen de ti. La Biblia dice en Isaías 57:15, “El Alto y Majestuoso que vive en la eternidad, el Santo, dice: «Yo vivo en el lugar alto y santo con los de espíritu arrepentido y humilde. Restauro el espíritu destrozado del humilde y reavivo el valor de los que tienen un corazón arrepentido” (NTV).