El secreto de cerrar la puerta

¿Cuántas veces has literalmente cerrado alguna puerta? Desde el joven que cierra con enojo su cuarto para excluirse en su mundo y en su propia realidad, como aquellos que cierran la puerta para una reunión importante y poder concentrarse en los temas que se han de tratar. Algunas veces hemos cerrado la puerta consciente o inconscientemente. Otras veces a propósito para que no nos vean o para excluir a alguien que no queremos y entre particularmente en donde estamos. Pero, ¿qué decir de las puertas que nos cierran a nosotros? Aquellas que queremos abrir y nadie suele abrirlas. Es decir, las oportunidades por las cuales “tocamos a la puerta” pero parece que nadie sale a abrirla.

A lo largo de la vida aprendemos que hay puertas que se abren sin siquiera intentarlas abrir. En cambio hay otras que aunque se traten de abrir, nunca se abren. Hay puertas que abrimos deliberadamente y hay otras que cerramos porque si no lo hacemos, lo que entra puede hacernos mucho daño. En cierta manera, la vida es un abrir y cerrar de puertas.

Sin embargo, hay una puerta que es necesario cerrarla para crecer espiritualmente. Esa es la puerta que deja afuera las distracciones mientras oras a Dios. Cuando cierras la puerta de tu habitación para entrar con Dios en oración, Él abre las ventanas de los cielos y los portones de bendición. La Biblia dice en Mateo 6:6, “Pero tú, cuando te pongas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto. Así tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará en público”, (NVI).

¿Qué toma tu mente?

Se me quedó grabada una frase que leí un día que dice lo siguiente: “Cuando nuestra mente la toma la depresión, hallamos miles de razones para llorar. Cuando nuestra mente la toma Jesucristo, hallamos miles de razones para sonreír”. Entonces, ¿qué toma tu mente? Nuestra mente es poderosa porque Dios la ha diseñado así. Es nuestro refugio en la tormenta y nuestro principal campo de batalla. Aunque no todo está en la mente, todo depende de ella.

¿Cómo estás alimentando tu mente? Si todo el día piensas en cosas negativas, serás negativo. Si te alimentas de quejas, dudas, temores, ansiedades e incertidumbres, te convertirás en una persona insegura, insatisfecha, desilusionada y sin una misión clara en la vida. Si todo el día piensas en las promesas y bendiciones de Dios, serás positivo. Si desarrollamos nuestra mente como la de Cristo entonces disfrutaremos de la plenitud de poder pensar en lo que Él quiere que pensemos y actuar como Él quiere que actuemos.

Aunque tengas muchas razones para llorar y para tomar una actitud depresiva, opta por tomar la mente de Cristo y encontrar miles de razones por las cuales sonreír. La Biblia dice en el Salmo 5:11, “Pero que se alegren todos los que en ti buscan refugio; ¡que canten siempre jubilosos! Extiéndeles tu protección, y que en ti se regocijen todos los que aman tu nombre”, (NVI).

Truenos de la vida

Soy una de esas personas que ha aprendido a disfrutar las tormentas fuertes pero no siempre ha sido así. Cuando estaba chico y llovía fuertemente, el sonido que producía la lluvia en el techo de la casa donde crecí era muy escandaloso. Lo que me hacía correr hacia el cuarto de mis padres no era la lluvia, eran los grandes truenos y su impetuoso sonido. Este sonido tan peculiar me hacía sentir un poco nervioso porque no entendía el por qué se producía. Más adelante, cuando tenía unos cinco años de edad mi madre me enseñó con fotos el proceso que se suscita en las nubes y el porqué de dicho sonido. Recuerdo que me dijo: “no te dejes asustar por el sonido de los truenos. Recuerda que los truenos son necesarios y normales para que sea una tormenta buena y cumpla su objetivo de regar la tierra que Dios ha creado”. Aunque entendí el concepto de los truenos y su propósito, no dejé de ir al cuarto de mis padres hasta cuando lo consideré necesario.

Esto me puso a pensar en los muchos ruidos extraños y fuertes que suelen atormentar nuestra vida. Hay problemas tan fuertes que nos aturden y nos hacen esconder bajo el techo del temor y de la preocupación. Hay otros que no nos permiten escuchar ni ver lo que está alrededor nuestro. Debemos aprender que así como los truenos son necesarios para que las tormentas naturales se acaben, así lo son las circunstancias difíciles que enfrentamos diariamente.

A pesar de los truenos de la vida, nunca pierdas la esperanza. No dejes que el ruido de este mundo te impida escuchar la voz de Dios. La Biblia dice en Salmo 4:3, “Sepan que el Señor honra al que le es fiel; el Señor me escucha cuando lo llamo”, (NVI).

Lecciones de los cangrejos

Recuerdo una lección que aprendí de un amigo pescador. Cuando llegué a su casa había acabado de pescar. Dentro de lo que había pescado, tenía unos cangrejos que los había puesto en una caja la cual dejó abierta. Le pregunté, ¿no se te escapan al dejarla abierta? No, me respondió. Al mirarlos, miré cómo se esforzaban por ser libres. Pero mi amigo sacudió su cabeza y sonrió diciendo: hace mucho tiempo me di cuenta que cuando dejo en una caja al menos dos cangrejos, mientras uno intenta trepar hacia arriba, el otro lo estira desde abajo.

Hay muchas personas que tienden a ver las cosas muy parecidas a los cangrejos. Cuando saben que alguien está subiendo y triunfando, hacen todo lo posible para desacreditarlo o estirarlo para que caiga y no escale más. Es más, unos dicen, si yo no subo, no subirá nadie más. Otros son tan críticos que cuando alguien logra algo dicen: yo podía haberlo hecho mejor. Cuando uno saca buenas notas en la clase, los cangrejos secretamente esperan que falle esa persona en el siguiente examen. Cuando escuchan un comentario bueno de otros automáticamente buscan algún reproche.

Los cangrejos siempre se están comparando con los demás. La única esperanza para los que son como los cangrejos es que se olviden se sí mismos y busquen la posibilidad de dar a los demás un poco de ánimo. Cuando esto sucede, se liberarán y serán de bendición a otros. La Biblia dice en 1 Tesalonicenses 5:11, “Así que aliéntense y edifíquense unos a otros, tal como ya lo hacen”, (NTV).

¿Qué derramas de tu vaso?

Recuerdo una anécdota que me ocurrió mientras llevaba una taza de café en mi mano. De repente, alguien vino y me golpeó el brazo sacudiéndolo y haciéndome derramar el café por todas partes. Tras de todo, me preguntó, ¿por qué derramaste el café? Yo le respondí satíricamente, “porque alguien se topó conmigo y está al frente mío”. Este hombre me dijo: esta es la respuesta incorrecta, añadió. Derramaste el café porque había café en tu taza. Si hubiera habido té en la taza, habrías derramado té. Lo que sea que tengas en la taza, eso derramarás.

Aparte de que me había hecho hacer un reguero por todas partes, este tipo me salió filósofo. Después de unos instantes, seguí hacia delante para volver a llenar mi taza con café porque no me iba a quedar sin tomar el café de la mañana. Pero, la verdad es que sus palabras me quedaron resonando en mi mente por algún tiempo. En especial, esta simple y llana ilustración me puso a pensar en lo siguiente. Cuando la vida se pone difícil, ¿qué derramamos? ¿Alegría, gozo, paz, humildad, paciencia o ira, amargura, palabras ásperas y reacciones abruptas? Tú eliges que derramas de tu taza cuando la vida te golpee.

La Biblia dice en Gálatas 5:22-23, “En cambio, la clase de fruto que el Espíritu Santo produce en nuestra vida es: amor, alegría, paz, paciencia, gentileza, bondad, fidelidad, 23 humildad y control propio. ¡No existen leyes contra esas cosas!, (NTV).

Un Gran Rompecabezas

He aquí un gran desafío para cualquiera que tenga dudas sobre Dios como el creador del universo. Supongamos que hacemos un gran rompecabezas. Limitémoslo a un millón de piezas. Estas incluyen productos químicos, propiedades científicas, elementos, átomos, células, clima cambiante, insectos, peces, reptiles, plantas, tierra, mamíferos, ovíparos y mucho más. ¿Podrías armar todas las piezas sin que faltase alguna? Bueno, esto sería demasiado fácil aunque parezca complejo. Sin embargo, estarías trabajando con cosas que ya han sido creadas.

Llevemos la ilustración a otro nivel. Primero inventa todo este millón de piezas de la nada para que todas funcionen. Sí, tendrías que inventar un millón de creaturas. ¿Cuántos inventos tendrías que crear solo para que el rompecabezas encaje? Por ejemplo, no podrías inventar solo oídos. Tendrías que inventar sonidos y ondas sonoras. Tendrías que inventar cerebros para interpretar las ondas sonoras y tuvieras que tener la capacidad de hacer que las cosas y los animales produjeran sonidos. Todo tendría que encajar a la perfección.

Lo más desafiante sería esperar que todo se arme por accidente en lugar de que tú mismo lo hicieses. Es decir, el rompecabezas nunca se armaría solo. Incluso un rompecabezas de cinco piezas no se arma solo. Las Escrituras dicen que en “el principio creó Dios los cielos y la tierra”. No sé todos los detalles de cómo Dios creó el universo pero me parece la única explicación lógica de que todo lo creado fue diseñado por un creador muy inteligente. De modo que, ¿no crees que Él puede armar todas las piezas del rompecabezas de tu vida? Yo creo que sí. La Biblia dice en Apocalipsis 4:11b, “Pues tú creaste todas las cosas, y existen porque tú las creaste según tu voluntad”, (NTV).

Un Padre que corre hacia nosotros

Probablemente conozcas la historia del “hijo pródigo” que se encuentra en el evangelio de Lucas en la Biblia. Relata la típica historia del hijo que le pide a su padre la parte de su herencia. Luego se va, lo desperdicia todo y termina sin dinero y con mucha hambruna. Finalmente, decide regresarse a la casa de su padre con la esperanza de poder ser contratado como un simple empleado. Pero, ¿sabías que esta historia lleva otro nombre en la cultura del medio oriente? Es conocida como “la historia del padre que corre”, lo cual le da una connotación diferente.

Desde esta perspectiva, el padre ve a su hijo regresando desde muy lejos y corre hacia él, algo que no solían hacer los hombres del medio oriente. Era algo muy vergonzoso para su cultura. La razón por la que corría era aún más importante. Este joven podía ser llevado ante la justica para ser condenado por haberse despilfarrado todo su dinero aun cuando su padre vivía. Él abiertamente había decidido apartarse de su familia y de su comunidad como si estuviera muerto. Pero el padre había estado observando y esperando el regreso de su hijo día tras día. Así que cuando lo vio, hizo lo que ninguno otro haría: “corrió hacia él”.

Antes de que el joven pudiera pronunciar el discurso que había preparado, el padre lo abrazó y organizó un banquete en su honor. Esto solo lo puede hacer Dios. Él no es un juez insensible sino un Padre que corre. Sí, un Padre que corre hacia nosotros para ofrecernos Su perdón y restauración. ¿Podrías correr a Sus brazos hoy? La Biblia dice en Lucas 15:20, “Entonces regresó a la casa de su padre, y cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio llegar. Lleno de amor y de compasión, corrió hacia su hijo, lo abrazó y lo besó”, (NTV).

Coca-Cola

¿Sabías que la compañía de Coca-Cola solo vendió 400 botellas de su producto en su primer año en el negocio? ¿Quién pensaría que eso hubiese sido así? Creo que no muchas personas. Hoy en día dicha compañía se encuentra en todos los continentes y aun ha llegado a los lugares más recónditos de nuestro planeta. ¿Cuál fue la clave? A pesar de las muchas estrategias de mercadeo y distribución que se hayan podido desarrollar a través de los años para hacer de dicha compañía todo un éxito, lo que les distinguió fue su “permanencia”. Este es un principio del que todos podemos aprender, el ser permanentes.

¿Cuántas veces te cuesta permanecer en lo que te has propuesto? ¿Cuántas veces has dejado inconcluso una meta, proyecto o trabajo del cual te hayas desesperado y desistido? ¿Cuántas veces has dejado lo mejor por lo bueno y lo correcto por lo conveniente? Creo que todos lo hemos hecho muchas veces y bajo diferentes circunstancias en nuestra vida. Sin embargo, la persistencia la vemos en la gota que cae minuto a minuto y con el tiempo se forma un riachuelo que toma corriente y se convierte en un gran río. La persistencia la vemos en el amor desmedido que no merecemos pero que diariamente recibimos. La persistencia la vemos en el sacrificio y en la entrega de la cual somos partícipes.

De modo que, “no dejes de persistir”. Todo lo que siembras recogerás y la disciplina vencerá los obstáculos con el arma de la persistencia. Al final de todo, Dios premiará tus esfuerzos. La Biblia dice en Santiago 1:12, “Bienaventurado el hombre que persevera bajo la prueba, porque una vez que ha sido aprobado, recibirá la corona de la vida que el Señor ha prometido a los que le aman”, (LBLA).

No me lloren cuando me muera

Crecí escuchando las rancheras que ponía uno de mis vecinos cuando se emborrachaba los fines de semana y comenzaba a gritar para que todos los vecinos lo escucháramos. En particular recuerdo que ponía una ranchera que decía, “cuando yo me muera, no me lloren porque yo no estaré llorando”. Después de algunos años, lastimosamente murió mientras conducía su bus de transporte y un puente se desplomó convirtiendo el suceso en un evento fatal.

Al asistir a la funeraria y después a la iglesia, recuerdo haber visto a muchos de sus familiares y vecinos llorando desmedidamente. Aunque me dio mucha tristeza porque era muy buena persona, recuerdo aún teniendo pocos años de edad haberle dicho a mi padre: “yo no lloraré porque don Fernando siempre gritaba los viernes en la noche: cuando yo me muera no me lloren porque yo no estaré llorando”. La intrepidez y sencillez de un niño hacen ver la vida de manera diferente, ¿verdad? Pero, ¿qué decir de las lágrimas que salen de nuestros ojos cuando un ser querido muere o por eventos emotivos de nuestra vida?

La Palabra de Dios nos aconseja a vivir bajo un valor empático en la vida. Nos dice que “debemos llorar con los que lloran y reír con los que ríen”. Dios nos ha hecho seres emocionales y desea que expresemos nuestras emociones de manera saludable en dependencia total de Él. No podemos estar siempre riéndonos o siempre llorando pero sí debemos “llorar y reír” cuando sea necesario. La Biblia dice en Eclesiastés 3:4 que hay, “Un tiempo para llorar y un tiempo para reír. Un tiempo para entristecerse y un tiempo para bailar”, (NTV).

No hay nada que se pueda hacer

“No hay nada que se pueda hacer” fueron las palabras que escuché en el hospital de la ciudad de McAllen hace algunos años mientras caminaba de regreso de visitar a un hermano de la iglesia. Fui reclutado sorpresivamente por una dama desesperada para orar por su familiar. La señora muy angustiada me dijo: “los doctores me acaban de decir que ya no hay nada que hacer médicamente por mi tía. Está a punto de morir. Ya que usted es pastor, ¿podría orar por ella?” Al notar su desespero y lágrimas, le respondí diciendo: todavía se puede hacer algo más, claro que sí, oraremos por ella. Recuerdo y comencé la oración diciendo: “Dios, terrenalmente no hay nada que hacer pero espiritualmente yo sé que si es tu voluntad, sí hay algo que hacer”. Terminé de orar por la señora quien se encontraba en un coma crítico y salí del hospital rumbo a casa a mis tareas cotidianas.

Pasaron meses y no supe más del estado de esta mujer ya que no le conocía personalmente. Sin embargo, un día, al terminar el culto dominical en la puerta de la iglesia, se acercó una dama muy alegre y emocionada a saludarme. Me preguntó, ¿se acuerda de mí? La verdad no me acordaba de su cara. Ella me dijo: “yo escuché desde muy lejos cuando usted oró por mí en el hospital y dijo, Dios, terrenalmente no hay nada que hacer pero yo sé que si es tu voluntad, sí hay algo que hacer con esta dama”. Le busqué por internet, vine desde la ciudad donde ahora vivo solo para decirle un mensaje, “sí hubo algo que hacer conmigo”.

Así que no pienses que nunca hay nada más qué hacer en la situación que estés pasando. Dios usualmente sí sabe qué hacer. ¿Podrías confiar y tener fe en Él? La Biblia dice en Juan 11:40, “Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si creyeres verás la gloria de Dios?”, (RV1960).