Como las águilas

Las águilas son las aves que más poseen longevidad entre su especie. Son rápidas, ágiles para agarrar a sus presas y pueden volar fácilmente. Sin embargo, al llegar a los 40 años de vida tienen que tomar una decisión crucial para vivir hasta los 70 o 75 años. Sus uñas circulares y flexibles no consiguen agarrar las presas de las que se alimentan. El pico alargado y puntiagudo se curva. Sus alas se envejecen y se tornan pesadas por las gruesas plumas. Volar es ahora muy difícil. Entonces las águilas tienen dos opciones: morir o enfrentar un doloroso proceso de renovación que dura alrededor de 150 días.

Esto me puso a pensar en nosotros los seres humanos. Aunque no tenemos picos, garras y alas, si tenemos cuerpo, alma y espíritu. Somos seres tripartitos. Al igual que las águilas, muchas veces tenemos que tomar la decisión de renovarnos física, emocional y espiritualmente. No obstante, este proceso de renovación es intencional. Es más, Dios desea renovarnos día con día.

Las Escrituras están llenas de ejemplos de personas que fueron renovadas por Dios. Un clave bíblica es renovar nuestra manera de pensar por la Palabra de Dios para así cambiar nuestra manera de vivir. La Biblia dice en Isaías 40:31, “Los que confían en el Señor encontrarán nuevas fuerzas; volarán alto, como con alas de águila. Correrán y no se cansarán; caminarán y no desmayarán (NTV).

A toda velocidad

Las pistas de Autobahn en Alemania son famosas y reconocidas por no tener ningún límite de velocidad. También en el norte de Australia no hay límite de velocidad. En el hemisferio occidental, Texas tiene carreteras con un límite de 140 kilómetros por hora, mientras algunas provincias de Canadá tienen un límite de 70 kilómetros por hora. A mi personalmente me gustaría no tener ningún límite de velocidad, es decir, me encantaría correr a toda velocidad cuantas veces me fuese posible. Sin embargo, es algo utópico para el lugar donde vivo. Pero cuando tengo oportunidad, el acelerador es mi mejor amigo.

Aunque la vida no se puede vivir bajo la premisa “ a toda velocidad”, si se pasa a toda velocidad. El tiempo no se puede regresar ni comprar. Las horas, días, meses y años parecen que pasan a toda velocidad. La pregunta que surge es, ¿cómo hacer que la premura de la vida no apague su sentido y propósito? En otras palabras, a pesar del vaivén, del estire y el afloje, del esfuerzo y del mucho trabajo; el poder disfrutar y valorar cada kilómetro de la carretera por la cual estemos transitando debe ser nuestra premisa para vivir en plenitud.

Pese a que muchos vamos a “toda velocidad”, Dios desea que seamos precavidos, que prestemos atención y que busquemos Su protección y seguridad. Él pone los límites en nuestra vida cuando estamos en Sus manos.
La Biblia dice en el Salmo 32:7, “Pues tú eres mi escondite; me proteges de las dificultades y me rodeas con canciones de victoria”, (NTV).

Me Dejaron Botado

“Me dejaron botado” fue el sentimiento que experimenté al salir de un evento de matemáticas donde habíamos ido a representar a nuestro colegio en unas competencias. Me distraje leyendo como de costumbre en una de las salas donde nos habían llevado junto con otros estudiantes. Estaban tan interesantes las exposiciones que pensé y mis compañeros estaban alrededor cuando la verdad es que hace rato que los había perdido de vista. Al voltear y no ver a mis compañeros, emprendí la búsqueda. Después de algunos minutos y de mirar en las diferentes salas llegué a la conclusión de que me “habían dejado botado”. En otras palabras, se habían ido y olvidado que estaba con ellos.

¿Cuántas veces te han dejado botado o embarcado en una situación en la que ahora te encuentras solo(a)? ¿Cuántas veces piensas que estás siendo acompañado(a) y de repente te das cuenta que ya no lo estás? Ese es un sentimiento común que nos suele pasar a todos repetidas veces en nuestra vida. Al mismo Señor Jesús lo dejaron botado sus mismos amigos y discípulos quienes decían y darían hasta su vida por Él.

De la misma manera, hay personas, oportunidades y situaciones que parecen dejarnos botados. Pero Dios nunca nos dejará botados. Su presencia es real y evidente. Es una promesa de parte de Él. La Biblia dice en Mateo 28:20b, “…Y tengan por seguro esto: que estoy con ustedes siempre, hasta el final de los tiempos”, (NTV).

El Vidrio Se Rompió

Hace algunos años después de haber terminado mi carrera universitaria tuve el privilegio de ser trabajador social en un hogar de niños. Cada día aprendía una lección de estos pequeños. En una oportunidad, llegó un niño con sus manos llenas de sangre y con un pedazo de vidrio en cada mano. Nos dijo preocupado y en voz audible, “el vidrio se rompió, yo lo recogí, y quiero pegarlo”. En su ingenuidad no le prestó atención de que al recogerlo, se cortó un poquito en cada mano. Su preocupación era pegarlos de nuevo. Corrimos de inmediato a quitarle los vidrios y a limpiarle sus pequeñas cortadas. Sin embargo, el pequeño seguía diciendo, “tenemos que pegarlo, tenemos que pegarlo”.

Así como este pequeño encontramos muchos vidrios rotos o rompemos muchos de ellos en nuestra vida. Estos vidrios pueden ser relaciones, trabajos, oportunidades, objetivos, sueños, etc. Deseamos recoger algunos de ellos aunque estén rotos pero nos causan heridas sin darnos cuenta. Tenemos dos opciones: dejar los vidrios en el suelo o recogerlos y tratar de pegarlos evitando situaciones que nos causen heridas profundas. Entonces, ¿cómo decidir qué se debe o no pegar? Debemos pedir ayuda a Dios. Él nos puede guiar hacia los vidrios que debemos tratar de pegar y a los que debemos dejar en el piso. Solo Él puede restaurar lo que ya está roto sin que nos hiera. La Biblia dice en el Salmo 147:3, “Él sana a los de corazón quebrantado y les venda las heridas”, (NTV).

Otorgar Perdón

“Es que yo no puedo perdonar”, esa es la premisa de muchas personas a las cuales se les dificulta otorgar perdón. Es mucho más fácil para el ser humano el recibir perdón que el otorgar el perdón. Una acción es una dádiva y la otra es una entrega. El entregar algo de nosotros se nos hace sumamente complicado ya que tiene que ver con nuestro ego, con el “yo”. En otras palabras, el no otorgar perdón proviene del orgullo albergado en nuestro corazón.

Entonces, ¿cómo lograr otorgar el perdón? Primero, reconoce que este mundo está lleno de imperfecciones y tendrás que otorgar y recibir perdón hasta el día que te mueras. Segundo, trabaja en tu orgullo. Preguntas como qué me impide perdonar y por qué no logro hacerlo ayudan en este proceso. Tercero, otorgar perdón es una decisión. Nadie lo puede hacer por ti, ni nadie puede obligarte en hacerlo. Es algo que ofreces de lo más profundo de tu ser. Cuarto, acuérdate de las tantas veces que te han otorgado perdón para que tomes perspectiva y no seas orgulloso. En último lugar, pídele a Dios que te ayude a perdonar así como Él te ha perdonado en numerosas ocasiones.

Aunque el otorgar perdón sea una acción difícil, recuerda que el que no logra perdonar, no logra vivir en libertad. La Biblia dice en Efesios 4:32, “…Sean amables unos con otros, sean de buen corazón, y perdónense unos a otros, tal como Dios los ha perdonado a ustedes por medio de Cristo ” (NTV).

Hasta Luego

“Hasta Luego” y “Dios le bendiga” fueron las palabras que escuché recientemente de un hermano en la iglesia quien era intencional en esperarme al final cada domingo para darme la mano y saludarme amablemente. Siempre con una actitud de alegría, sencillez y optimismo hacia la vida. Poco sabía yo que esa sería la última vez que recibiría su saludo ya que murió repentinamente por un infarto cardiaco con sólo 58 años de edad dejándonos perplejos con lo inesperado del evento.

Hasta luego es la frase que comúnmente usamos porque asumimos que viviremos mañana. Es decir, que tendremos un “luego” para saludar, amar, y vivir la vida que Dios nos ha dado. Pero, nuestra vida es frágil, débil y pusilánime. Las Escrituras dicen que somos como la hierba que crece, florece y luego se marchita. Como dicen por ahí, “lo único que tenemos seguro es la muerte”. Lo demás es limitado y contabilizado. Nuestro tiempo en esta tierra está cronometrado y no sabemos cuál será el día final de nuestra historia.

Estamos seguros que podremos decir un “hasta luego” aunque muramos sólo al asegurar nuestro destino reconociendo a nuestro Creador y a Su Hijo Cristo quien murió en la cruz por todas nuestras faltas. Si creemos por fe en Jesús entonces sí será un hasta luego porque viviremos no solo en esta vida sino por la eternidad. La Biblia dice en Juan 3:36a,“ Los que creen en el Hijo de Dios tienen vida eterna.” (NTV).

Un Lugar Secreto

Los recuerdos de la infancia me remontan a un pequeño pueblo donde residían mis abuelos paternos rumbo a la zona cafetera de mi amado país Colombia. Era allí es ese pueblo donde nos llevaban nuestros padres a mi hermana mayor y a mí a pasar las vacaciones de fin de año. Uno de los juegos que más nos gustaba jugar como todo niño era a las escondidas. Como el lugar tenía un patio amplio con muchos árboles y vegetación, escogíamos y cambiábamos de lugar secreto constantemente. Mi lugar secreto era esconderme detrás de la cochera de los cerdos de mi abuelo rumbo a un precipicio o subirme a alguno de los árboles de mandarina, naranja. También solía infiltrarme en los cafetales. Mi hermana era un poco más convencional y escogía sitios más cercanos a la casa donde la podía hallar fácilmente.

Esta anécdota de la infancia me puso a pensar en los lugares secretos que tenemos albergados en nuestra alma y en nuestro corazón. Allí, en lo más recóndito de nuestro ser nos escondemos para no ser encontrados fácilmente. Nos sentimos protegidos al subirnos al mismo árbol o al hacernos detrás de sentimientos, acciones y actitudes que sirven como escondites diarios en nuestro proceder. Sin embargo, aunque nos queramos esconder de todos, no nos podemos esconder de Dios. Él está en todo momento y en todo lugar. Así que no intentes esconderte de Dios. Ese juego no funciona con Él. La Biblia dice en Salmos 139:7 , “¡Jamás podría escaparme de tu Espíritu¡ ¡Jamás podría huir de tu presencia!”, (NTV).

Algo Nuevo

El enfrentar algo nuevo trae consigo una gama de sentimientos como la inseguridad, el temor, la ansiedad, los cuales son alimentados por la incertidumbre de lo que puede pasar en el futuro. A pesar de ello, la novedad también conlleva en sí sentimientos de esperanza, alegría e ilusión que son alimentados por la expectativa de lo que puede ser mejor que lo que se vive en el momento.

El enfrentar algo nuevo nos hace indagar en nuevas actitudes y explorar nuevas habilidades para ser efectivos en la nueva realidad. Muchas veces no sabías que eras bueno para algo hasta que tuviste que hacerlo. De modo que el vivir algo nuevo puede ser el motor para desarrollar nuevos proyectos, emprender nuevos objetivos, gestionar nuevos negocios, explorar nuevas relaciones, desafiar sistemas antiguos y proponer cambios paulatinos y duraderos que harán de nuestra vida una vida mejor.

De modo que, recibe las novedades que trae la vida como bendiciones de parte de Dios. Éstas pueden ser regalos que al abrirlos sorprenderán tu vida y bendecirán a quienes te rodean. Puede ser que Dios quiera hacer algo nuevo en ti hoy. La Biblia dice en Isaías 43:19, “Pues estoy a punto de hacer algo nuevo. ¡Mira, ya he comenzado! ¿No lo ves? Haré un camino a través del desierto; crearé ríos en la tierra árida y baldía”, (NTV).

El dinero no lo es todo

Hay muchas personas que piensan que el dinero lo es todo en la vida pero el dinero no lo es todo. Si el dinero fuera todo entonces los solventes económicamente nunca cometerían un suicidio, no tendrían adicciones, no sufrirían depresiones, sus hogares nunca se acabarían y sus problemas nunca existirían. Sin embargo, con o sin dinero, toda persona en este mundo enfrenta desafíos de diferente índole.

La avaricia por el dinero es el deseo loco y descontrolado de tener posesiones a toda costa. Lo único que importa es cuánto más dinero se pueda acumular. No importa si la familia u otras relaciones pagan las consecuencias. El amor al dinero es el cáncer del contentamiento que gradualmente consume a sus víctimas reemplazando el contentamiento con el deseo insaciable de obtener dinero y posesiones materiales.

En una encuesta reciente, le preguntaron a muchos, ¿qué estarías dispuesto a hacer por 10 millones de dólares? El 3% dijo que estaría dispuesto a poner a sus hijos en adopción. El 16% dijo que abandonaría a su cónyuge. El 25% dijo que abandonaría a su familia para siempre. El 23% de las mujeres dijo que podrían prostituirse por una semana. Estas son sólo unas entre muchas respuestas. Sorprendente, ¿verdad? Así que no ames al dinero porque arruinará tu vida. La Biblia dice en 1 Timoteo 6:10, “porque la raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe…”, (NTV).

¡Qué ridículo!

¿Has hecho el ridículo alguna vez en tu vida? Creo que todos en algún momento hemos hecho o pasado por un ridículo. Hacer el ridículo es pasar por una situación humillante que provoca la risa y la burla de los demás. También puede ser provocada por las acciones incoherentes, indiscretas e inapropiadas de una persona causando reacción en otras. En cualquiera de las dos circunstancias, se relaciona con llamar la atención de los demás usualmente siendo expuesto a la burla o el menosprecio. Y, ¿quién desea ser expuesto o menospreciado? No muchos. Es más, eso es algo que el ser humano detesta, el ser menospreciado.

Sin embargo, la realidad es que muchas de nuestras palabras, acciones y decisiones nos llevan a cometer el ridículo que no esperábamos. Pero, ¿qué hacer para evitar el ridículo? 1. Ser prudentes con nuestras palabras y acciones. 2. Ser congruentes con nuestras palabras y actitudes. 3. Pensar y planear antes de actuar. 4. Aprender de los ridículos del pasado. 5. Pedir sabiduría a Dios. 6. Evaluar el contexto, momento y personas antes de hacer o decir algo que pueda llamar la atención.

De modo que, evita el ridículo y cuando pases por él, aprende, recapacita, levántate y sigue hacia delante. Muchas veces es necesario hacer el ridículo para no pasar de nuevo por él. La Biblia dice en Proverbios 3:34, “El Señor se burla de los burlones, pero muestra su bondad a los humildes”, (NTV).