Crisis

Todos enfrentamos o enfrentaremos crisis en nuestras vidas. Una frase que escuché el otro día dice: “El hombre se descubre cuando se mide con un obstáculo”. Es allí, en medio de las crisis donde nuestro corazón se rompe o se curte. Las crisis pueden ser también la antesala de grandes oportunidades, porque muchas veces en medio de ellas, la imaginación suele ser más importante que el mismo conocimiento.

No sé si te ha pasado, pero a veces recuerdas y dices: “No recuerdo cómo salí de esa situación”. Precisamente porque Dios nos ha diseñado con la capacidad innata para resolver problemas y para superar las situaciones inesperadas que se nos presentan en la vida. Desafortunadamente, muchas personas invierten más tiempo y energía hablando de sus problemas que enfrentándolos. 


Las pruebas son necesarias y temporales. No hay ningún problema que sea eterno aunque este parezca serlo. Las crisis revelan lo que realmente somos, construyen nuestro carácter y nos enseñan en nuestro diario vivir. La Biblia dice en 1 Corintios 10:13, “Ustedes no han pasado por ninguna prueba que no sea humanamente soportable. Y pueden ustedes confiar en Dios, que no los dejará sufrir pruebas más duras de lo que pueden soportar. Por el contrario, cuando llegue la prueba, Dios les dará también la manera de salir de ella, para que puedan soportarla” (DHH)

Sabiduría

Un filósofo y poeta escribió lo siguiente: “Si quieres ser sabio, aprende a interrogar razonablemente, a escuchar con atención, a responder serenamente y a callar cuando no tengas nada que decir” (Johann Kaspar). La sabiduría no es solo saber y conocer, sino que radica en el buen ejercicio de nuestros sentidos y la buena toma de nuestras decisiones. En un sentido, no debemos confundir el saber con la sabiduría. El saber nos sirve para ganarnos la vida y la sabiduría nos ayuda a vivirla.

Hay personas que son supremamente inteligentes, pero no son nada sabios, lo cual usualmente se nota en la toma de sus decisiones. La sabiduría es el conocimiento aplicado. El sabio busca el saber, pero más que eso el poder aplicarlo en su diario vivir. Entonces, ¿buscas ser inteligente o buscas diligentemente la sabiduría? Los dos son necesarios.

A veces quedamos cortos en sabiduría, por eso Dios nos invita a pedírsela a Él. ¿Deseas más sabiduría? Pídesela a Dios. La Biblia dice en Santiago 1:5, “Si necesitan sabiduría, pídansela a nuestro generoso Dios, y él se la dará; no los reprenderá por pedirla” (NTV)

Sin Fronteras Ni Barreras

No hay fronteras ni barreras cuando se habla del verdadero amor. El lenguaje del amor trasciende a la cultura, sobrepasa los tiempos, conquista todas las edades, vence las tradiciones, convence los corazones y estabiliza el todo de nuestro ser.

No hay fronteras ni barreras en frente al amor, especialmente cuando hablamos del amor de Dios. Su amor es infinito, real, vivencial y transcendental. Su amor es, ha sido y siempre será. Su amor es profetizado, proclamado y encarnado en Su Hijo Jesús. Su amor es sacrificado, vituperado, pero también ratificado. Su amor es personal y colectivo. Su amor es activo y es pasivo. Su amor es Su esencia, Su ser y Su sentir. Tú y yo somos la expresión máxima de Su amor.

¿Has recibido Su amor? ¿Deseas experimentar este amor sin fronteras ni barreras? La Biblia dice en 1 Juan 3:1a, “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios” (RV1960)

Duelo

Recientemente la humanidad entera ha estado pasando por ciclos de duelo. Todos, sin excepción alguna, hemos perdido algún amigo o ser querido o por lo menos hemos sabido de alguien que ha fallecido por esta desafiante pandemia. El duelo colectivo, familiar e individual ha colmado muchos de nuestros corazones. Sentimos pesar, dolor, angustia y muchas veces incertidumbre por lo que pueda llegar a pasar. Por otro lado, nos sentimos privilegiados de estar vivos, de disfrutar cada momento y de compartir con aquellos que están cercanos a nosotros. 

Nos hemos dado cuenta de la brevedad de la vida y de lo que verdaderamente importa. Nos hemos dado cuenta de lo que es prominente, importante y permanente. Nos hemos dado cuenta que la vida es frágil, que ninguno la tenemos comprada y que lo transcendente debe ser lo más relevante. ¿Estas listo(a) para enfrentar la muerte? ¿Estas preparado(a) para ir a la eternidad? Porque el duelo humano es pasajero, pero el eterno es permanente. Si estás con Jesús, tienes vida en plenitud, pero si no le conoces, tu duelo será permanente. 
La Biblia dice en Juan 14:2, “En la casa de Mi Padre hay muchas moradas; si no fuera así, se lo hubiera dicho; porque voy a preparar un lugar para ustedes” (NBLA)

Puro Corazón

Hay personas que podemos describir como dice el dicho: “Son puro corazón”. Mi amigo Harvey Mutz era una de estas personas. Su fe, ejemplo, sabiduría y manera de servir a Dios aún de las formas más simples son solo unas de las muchas características que lo hacían una persona que sabía amar a Dios y a los demás. Su premisa de vida era vivir un día a la vez a la luz de la eternidad. Una de sus frases célebres que constantemente compartía era: La vida es corta, esta termina antes que comience. ¿Vivimos de esa manera? ¿Vivimos un día a la vez?

No hay manera que podamos vivir un día a la vez sin el temor al mañana y sin los pesares del ayer a no ser que tengamos una relación con Jesús. Él es nuestra fuente diaria de regocijo, de sustento y de aliento. No hay nadie que pueda ministrar nuestro corazón con paz, tranquilidad y contentamiento sino Jesús. Él es la roca inconmovible en la cual podemos construir. Él es nuestra fortaleza. Él es quien nos proporciona sabiduría y entendimiento. Él es quien nos da esfuerzo y nos multiplica las fuerzas. 
¿Deseas ser una persona de puro corazón? Entrégale tu corazón a Jesús. La Biblia dice en Ezequiel 11:19, “19 Les daré integridad de corazón y pondré un espíritu nuevo dentro de ellos. Les quitaré su terco corazón de piedra y les daré un corazón tierno y receptivo” (NTV)

El Que Resuelve Problemas

Un día escuché una frase que es muy cierta: “En lugar de usar a Dios para resolver tus problemas, usa tus problemas para estar más cerca de Dios”. Esta es una gran verdad. Desafortunadamente en los momentos de más necesidad es donde estamos más prontos a buscar de Dios. ¿Le buscas en todo momento o le buscas solo cuando estas pasando por alguna necesidad?

Dios está atento a todas y cada una de nuestras necesidades. Las Escrituras dice que aún no están las palabras en nuestra boca cuando Él ya las sabe. Él conoce nuestras peticiones antes de que se las pidamos. Él evalúa nuestro accionar y nuestro vivir, y aún así permanece con nosotros. No hay nada oculto delante de Él. Su amor es inagotable, Su presencia es real, Su poder es muy grande, Su misericordia se renueva cada mañana y Su gracia es infinita. Entonces, ¿vienes a Él solo para que te resuelva los problemas o para conocerle cada día más? Jesús te está esperando. La Biblia dice en Hebreos 4:15, “15 Nuestro Sumo Sacerdote comprende nuestras debilidades, porque enfrentó todas y cada una de las pruebas que enfrentamos nosotros, sin embargo, él nunca pecó” (NTV)

Qué Inmenso Amor

Hay un himno de antaño que resuena en mi mente titulado: “Oh que amor, que inmenso amor, el de mi Salvador”. Es un amor sin comparación. Todas las manifestaciones terrenales que se puedan parecer al amor de Dios le quedan cortas a Su amor. El amor de una madre, de un padre, de familiares, de pareja, de amigos etc. Todas estas expresiones de amor dependen de Dios, porque Él es la manifestación máxima del amor ya que Él es amor.

Nuestro Dios no contiene pequeñas dosis de amor, Él es en sí amor. Su amor es inagotable, es eterno, es incondicional e inquebrantable. Su amor no tiene límites. ¿Has experimentado este tipo de amor? Si no lo has vivido, nunca es tarde. El amor de Dios está disponible en todo tiempo y se transfiere de generación en generación. El amor de Dios es vivencial, trascendental y fundamental. Su amor es vital. Es más, aquel que no ha conocido este tipo de amor, se ha perdido de lo mejor en la vida.

Hoy Dios nos abraza con Su inmenso amor. No importa la situación que estés pasando, descansa en el amor de Dios. Él desea darte este tipo de amor, ¿lo quieres o lo rechazas? La Biblia dice en 1 Juan 4:10, “10 En esto consiste el amor verdadero: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo como sacrificio para quitar nuestros pecados” (NTV)

Aprendizaje

La vida está llena de lecciones y aprendizaje. Es más, la vida en sí es un aprendizaje constante. Desde pequeños aprendemos a hablar, caminar, jugar, memorizar, estudiar, trabajar, relacionarnos con otros, adorar a Dios, etc. La vida está llena de momentos de aprendizaje y es en sí toda una escuela donde aprendemos gratas y desafiantes lecciones.

Albert Einstein dijo: “La educación es lo que permanece cuando uno ha olvidado lo que aprendió en la escuela”. Es decir, no solo aprendemos en la escuela. Aprendemos en la universidad de la vida. Aprendemos de nuestros aciertos y desaciertos, aprendemos de nuestros triunfos, pero también de nuestras derrotas, aprendemos de nuestro alrededor y del ejemplo de otras personas y también aprendemos mucho de nosotros mismos. Sin embargo, de la mejor persona que podemos aprender es de nuestro Dios.
¿Has aprendido las lecciones que Dios te ha querido enseñar? Si es así, vivirás una vida en plenitud, pero si no aprendes de Él, tu aprendizaje será muy doloroso y poco provechoso. Él desea que aprendemos de Él. La Biblia dice en el Salmo 32:8, “El Señor dice: «Te guiaré por el mejor sendero para tu vida; te aconsejaré y velaré por ti” (NTV)

Reclamos

Los reclamos son comunes en nuestra vida. Reclamamos lo que es justo y hasta lo injusto. Reclamamos con razón o sin razón. Proferimos reclamos como también recibimos reclamamos de otros. En cuanto a eso, recuerdo haber leído una frase que dice: “Dios me creó. Así que cualquier queja o reclamo hablen con él”. Me hizo reír, pero no está del todo descabellada dicha expresión. Dios nos ha creado. Él nos ha hecho así como somos y no hay nada malo con eso. Al contrario, nos ha hecho únicos e irrepetibles.

Muchas veces le reclamamos a Él por habernos hecho como nos hizo. Los bajos de estatura desean ser altos, algunos que son altos, a veces desean tener una estatura promedio. Unos batallan con el color de su piel, otros con los rasgos peculiares de sus rostros. Algunos no les gustan sus ojos, nariz, sonrisa, etc. Otros, tienen problemas con aceptar su personalidad. En fin, le reclamamos a Dios cosas que no tienen mucho sentido.

¿Qué tal si le reclamamos Sus promesas? ¿Qué tal si nos apropiamos de Sus promesas y vivimos en fe bajo ellas? Esta clase de reclamo será mucho más productivo para nuestra vida. La Biblia dice en Hebreos 10:23, “23 Mantengámonos firmes sin titubear en la esperanza que afirmamos, porque se puede confiar en que Dios cumplirá su promesa” (NTV).

La Paciencia

“La paciencia no es algo fácil de lograr, sino algo que sólo se logra al saber esperar”. La paciencia no es esperar pasivamente para que todo se termine. No es sobrevivir semana tras semana, mes tras mes y año tras año. No es esperar que una persona se vaya, que una oportunidad se presente, que nos cambiemos de lugar, de una posición o de una situación. La paciencia no es un objetivo al cual tenemos que llegar, ni una meta que debemos conquistar. Es todo lo contrario. La paciencia es una esperanza activa, proactiva y muchas veces dolorosa, dependiente y expectante. En otras palabras, el esperar produce paciencia.

Yo defino la paciencia de una manera simple. “La paciencia es la ciencia de tener paz”. Es saber concebir, mantener y compartir la paz personal en cada circunstancia de nuestra vida. La paciencia va conectada con la espera. No se lleva a cabo de la noche a la mañana como pasa con los agricultores. Ellos esperan con paciencia las lluvias tempranas y tardías. Ellos esperan con ansias a que maduren los preciosos cultivos.
En el caminar de la fe, la paciencia es esperar para que Dios produzca el fruto reconociendo que hay algo más grande que está por venir. No es una marca de tiempo, ni es una carrera de velocidad, sino una carrera de resistencia. Es una maratónica de vida. El Señor es nuestra ayuda y nos hace pacientes. La Biblia dice en Proverbios 14:29, “El que es paciente muestra gran discernimiento; el que es agresivo muestra mucha insensatez” (NIV).