No Tengo Temor

Me encanta un canto que dice en forma de oración a Dios: “No me falta nada, si te tengo a ti, no tengo temor en mi corazón, tú tienes el control”. Esta es una verdad muy sencilla, pero que a veces se nos tiende a olvidar. Si tenemos a Dios, tenemos todo y aunque nuestro corazón experimente temor debemos recordar que en medio de cada circunstancia por más difícil y desafiante que parezca ser, Él tiene el control. Una de las frases populares de Nelson Mandela dice: “El hombre valiente no es aquel que no siente miedo, sino aquel que conquista el miedo”.

En estos momentos que vivimos actualmente necesitamos recordar esta simple pero poderosa declaración: “No tengas miedo”. El más fuerte no es aquel que no tiene ningún temor, sino aquel que reconoce Sus debilidades, reconoce sus temores y depende de Dios. Aunque las noticias parezcan ser deprimentes y angustiantes, no debemos tener temor. Aunque nuestro alrededor parezca estar colapsando en muchos ámbitos, no debemos tener temor. Aunque las circunstancias se tornen adversas y desafiantes, no debemos tener temor, simplemente porque Él (Jesús) tiene todo el control.

Entonces, ¿dejarás que Él tome todos tus temores hoy? Él desea darte de Su paz para apaciguar todos tus temores. La Biblia dice en Eclesiastés 12:13, “ El fin de este asunto es que ya se ha escuchado todo. Teme, pues, a Dios y cumple sus mandamientos, porque esto es todo para el hombre” (NTV).

Simplicidad

Vivimos en un mundo lleno de complejidades. Parece que las cosas más simples se nos hacen complejas y las más complejas son cada vez más complejas. En vez de simplificar nuestra vida, tendemos a complicarla cada vez más. Los múltiples compromisos, los trabajos, las relaciones interpersonales, las emociones, los pesares del ayer, los desafíos del presente y la incertidumbre del futuro, son solo unas pocas razones para que nuestra vida se vuelva todo un complique.

Sin embargo, Dios desea que vivamos una vida sin complejidades en medio de nuestras muchas ocupaciones diarias. ¿Cómo lograr la simplicidad en medio de la complejidad? Unos consejos son: identifica tus compromisos innecesarios, haz de lo primordial tu prioridad, enfócate en lo que es realmente transcendente y no en lo temporal, desarrolla una lista de las cosas que tienes que hacer, trabaja dando lo mejor de ti, no te olvides de mantener un equilibro y recuerda que aunque hayas planeado lo mejor, la vida siempre te dará muchas sorpresas. Sobre todo, descansa en el cuidado de Dios. Él tiene el control y se preocupa por el bienestar de cada uno de nosotros.

¿Estas preparado(a) para simplificar tu vida? La Biblia dice en el Salmo 62:1, “Solo en Dios halla descanso mi alma; de Él viene mi salvación” (NVI).

Perdonar

“Perdonar es recordar sin dolor”. Esa es una definición que yo comparto constantemente. El perdonar no significa que podamos borrar de nuestra memoria los hechos, las personas o las situaciones que nos han causado dolor. Sin embargo, el perdonar es una acción y es una decisión. La mayor parte del tiempo es un proceso progresivo y no instantáneo. No debemos frustrarnos si no perdonamos rápidamente, pero no debemos posponer ni oponernos a perdonar ya que los más afectados seremos nosotros mismos.

Se ha comprobado que la falta de perdón es un factor crucial en el desarrollo de las enfermedades emocionales. Las personas que no perdonan tienden a ser más ansiosas, depresivas e inseguras. Son personas que batallan con confiar y con esperar lo mejor. Algunas suelen ser negativas y hasta posesivas. Aunque no podemos generalizar, sí podemos aseverar que las personas que perdonan son más seguras, confiadas y felices.

El perdonar es liberador porque muestra la misma esencia de Dios quien nos perdona. El perdonar es liberarnos del peso innecesario y de sentimientos nocivos. Entonces, ¿deseas ser libre? Práctica el perdón. Te aseguro que caminarás en una libertad indescriptible. La Biblia dice en Proverbios 17:9, “El que perdona la ofensa cultiva el amor; el que insiste en la ofensa divide a los amigos”. (NVI)

Escondite

¿Cuántas veces te has escondido? ¿Recuerdas el juego del escondite que jugabas cuando eras niño? Usualmente buscábamos un lugar donde poder refugiarnos y escondernos para no ser descubiertos. Entre más creativos fuésemos, podríamos ganar al no ser descubiertos rápidamente. Este es un juego clásico que lo he visto jugar en niños de diferentes continentes alrededor del mundo. La verdad es que es muy divertido.

Sin embargo, esto muestra también una condición de nuestro corazón. Disfrutamos el esconder nuestros sentimientos y nuestras emociones en lo más recóndito de nuestro ser. Escondemos lo que realmente nos afecta y nos molesta. Nos gusta escondernos bajo una sonrisa falsa, bajo una fachada ante los demás, pero nunca nos podremos esconder de Dios. Él conoce el todo de nosotros y nada ni nadie se puede esconder delante de Su presencia.

Medita si lo que escondes es por seguridad, comodidad o por pena. Ven delante de Dios y expone delante de Él todo lo que hay en tu ser. Él desea consolar, animar y bendecir tu vida de una manera impresionante. ¿Dejarás de esconderte de Él? Aunque creas hacerlo, no lo lograrás. La Biblia dice en el Salmo 139:8, “Si subo al cielo, allí estás tú; si desciendo a la tumba, allí estás tú”. (NTV)

Confesión

El admitir que hemos hecho algo mal es algo difícil para todos nosotros. No se nos hace fácil confesar nuestras faltas y nuestras luchas con Dios y con los que están alrededor nuestro. Sin embargo, una vida que practica la disciplina de la confesión, es transportada hacia el arrepentimiento y hacia la pureza. Como dice una frase: “La humillación de uno humilla a otros”. La confesión se convierte en la más desarmada ternura y en el más fuerte de los poderes del ser humano. En otras palabras, la autoridad de una persona no radica en lo invulnerable que suela parecer, sino que en la vulnerabilidad radica su fortaleza.

La confesión habilita un crecimiento emocional y espiritual en nuestro diario vivir. La confesión nos acerca al trono de la gracia de Dios y nos abre la puerta para recibir Su perdón. La confesión nos libera, nos quita la culpabilidad, nos enseña en nuestras dificultades y nos ayuda a ser cada vez mejores.

De modo que, practiquemos la confesión todos los días. Comencemos por confesar nuestras faltas a Dios, nuestros errores unos a otros y experimentaremos el gozo que viene al practicar esta disciplina espiritual. La Biblia dice en 1 Juan 1:9, “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad” (RV1960).

Solitud

¿Te has puesto a pensar en cómo hubiese sido tu vida hace 100 años? Algunos comentan que la vida era mucho más simple porque no habían tantas distracciones. No tendríamos televisión, internet, video juegos, redes sociales y mucho más. En estos momentos nuestra sociedad está experimentando el asolamiento social por causa del posible contagio a través del contacto físico o corporal. Hay personas que se encuentran en cuarentena y otros quienes se encuentran asolados porque están padeciendo del Coronavirus o son prospectos de tenerlo hasta probar lo contrario.

Sin embargo, la “solitud” puede ser buena aunque no producida por una crisis mundial como esta. No obstante, la solitud nos predispone a tomar un tiempo para detenernos, escuchar la voz de Dios y confiar en Sus promesas. La solitud es simplemente definida como un momento apartado en soledad y libre de distracciones.

Usemos estos tiempos de distanciamiento social para acercarnos a Dios. Separa un tiempo para estar a solas en Su presencia y tu vida nunca más será igual. La Biblia dice en el Salmo 46:10, “«¡Quédense quietos y sepan que yo soy Dios! Toda nación me honrará. Seré honrado en el mundo entero»” (NTV).

Ansiedad

Vivimos en una sociedad ansiosa. Una sociedad llena de dificultades, dilemas, riñas, rumores y frustraciones. Una sociedad llena de amargura, temor, confusión y desilusión. Se ha denominado que nuestra era, es la era de la ansiedad. Aunque todos manejamos niveles de ansiedad, algunos tienen niveles incontrolables que afectan y minan sus vidas. “La ansiedad es el estado mental que se caracteriza por una gran inquietud, una intensa excitación y una extra inseguridad”. También puede llegar a ser una angustia que acompaña algunas enfermedades, en especial a ciertas neurosis.

Algunos dicen que sentir “ansiedad” al final de cuentas es nuestra decisión. Podemos alimentar los niveles de ansiedad que vienen a nuestro ser naturalmente o podemos alimentar dichos niveles con tranquilidad y con paz. Tenemos dos opciones en cada momento: “Vivir llenos de ansiedad o alimentarnos con fe”. La fe es creer. Es creer que las cosas pueden trabajar para bien aunque no lo veamos al presente.

Pero, ¿qué hacer si tienes ansiedad? Identificar la fuente de la ansiedad, minimizar los factores que la provocan, enfrentar los temores, reemplazar los pensamientos negativos y vivir un día a la vez sabiendo que Dios tiene el control absoluto de todas las cosas. Sobre todo, podemos orar y dejar todas nuestras ansiedades ante el trono de Dios. La Biblia dice en Filipenses 4:6, “No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que él ha hecho” (NTV).

Pánico

El pánico es definido como: “Miedo muy intenso y manifiesto, especialmente el que sobrecoge repentinamente a un colectivo en una situación de peligro”. Algunas veces dicho pánico es individual, pero en otras ocasiones es colectivo. Unas veces es real, en otras, es creado o ficticio.

En nuestros días, ha habido mucho pánico y en cierta instancia es real. Situaciones pandémicas como la del “Coronavirus” han desatado un cúmulo de reacciones verídicas y otras un poco exageradas, sin dejar de ser alarmante. Hay una línea muy estrecha entre la precaución y el extremismo que puede llegar a producir una fobia social que infringe en cada esfera de la sociedad.

Como hijos de Dios debemos ser cautelosos, prudentes y buenos administradores de nuestros cuerpos. Debemos ser responsables, actuar con precaución y ser parte de la solución y no del problema. Debemos ser preventivos y no reactivos. No obstante, también estamos llamados a responder de una manera pacífica, trayendo una voz de esperanza en medio de la crisis y de la dificultad. Clamémosle a Dios para que nos dé de Su paz y así poder ser entes de paz. La Biblia dice en Juan 14:27, “Les dejo un regalo: paz en la mente y en el corazón. Y la paz que yo doy es un regalo que el mundo no puede dar. Así que no se angustien ni tengan miedo” (NTV).

Maximizar

“Para maximizar la vida, uno tiene que minimizar la carga”. Por ejemplo, hay que perder para poder ganar y hay que perder peso para poder correr con efectividad y prontitud. Hay que usar al máximo las habilidades, las oportunidades, el entrenamiento, los desafíos, los imprevistos y las gratas victorias. El término “maximizar” se refiere al aprovechar, estirar, tomar ventaja y desarrollar de la mejor manera los recursos humanos, bien sean tangibles o intangibles con el fin de alcanzar nuestros propósitos.

El maximizar es una acción que requiere de intencionalidad. He aquí unas claves para maximizar nuestra vida de la mejor manera posible: maximiza tu tiempo, tus relaciones, tus recursos, tus oportunidades, tus talentos, tu estado físico, tu estado espiritual y todo tu ser emocional. Maximiza cada encuentro, cada conversación, cada evento y cada ocasión. Algo supremamente importante es “maximizar nuestra relación con Dios”. Él desea que le busquemos más, que le escuchemos más y que le obedezcamos más.

Él desea que vivamos una vida en plenitud y en bendición. ¿Estarás dispuesto a dejar que Dios maximice tu vida? Quizá para eso, Él tenga que minimizar tu carga. Él desea cargarla por ti para que corras con ligereza y libertad. La Biblia dice en Mateo 11:30, “porque mi yugo es fácil y ligera mi carga” (RV1960).

Minimizar

Hay personas que minimizan muchas cosas en la vida. No le dan importancia a las personas, ni a las cosas, ni a sus vidas mismas. Minimizan los problemas, los errores, los obstáculos, las oportunidades, los logros, etc. Lo más común es que minimizan a los demás, lo cual muestra una gran inseguridad en ellos. Como dice una frase muy acertada: “La gente que minimiza a los demás, maximiza su vacío existencial”.

La verdad es que nuestra mente tiene dos tendencias: “maximizamos o minimizamos”. Son los dos polos opuestos. Por un lado, sacamos fuera de proporción algunas cosas, y por el otro, tendemos a ignorar muchas de las cosas que deben tener importancia. El minimizar las cosas también puede ser un comportamiento defensivo. Algunas personas piensan que con minimizarlo e ignorarlo puede llegar a cambiar. Sin embargo, todo lo que se ignora con el tiempo tiende a escalar mucho más y a escalar en proporción.

Entonces, ¿qué debemos hacer? Debemos vivir en nuestra realidad y no distorsionarla al minimizar las cosas. Identifiquemos cuando tendemos a ignorar a otros, las cosas o a nosotros mismos. Pidámosle a Dios que podamos vivir en la realidad que Él quiere que vivamos para ser de bendición a los demás. La Biblia dice en Santiago 4:17, “Recuerden que es pecado saber lo que se debe hacer y luego no hacerlo” (NTV).