Él Nos Llama Por Nombre

Hay una gran diferencia cuando alguien nos llama por nuestro nombre y alguien que solo nos llama sin conocernos. El que nos llamen por nuestro nombre muestra nuestra identidad y que la persona sabe quiénes somos.

Dios nos llama por nombre. Él nos conoce tal y como somos. Él nos creó y nos formó. Él nos sustenta y nos ama con una amor indescriptible e incomprensible. Dios Padre esta en el pórtico del cielo esperando y expectante buscando en el horizonte una vislumbre de Su Hijo y tú eres la persona que busca.

Dios Padre es un padre que espera. Él es el pastor atento en busca de su oveja con sus piernas rasguñadas, sus pies adoloridos y sus ojos irritados. Él sube y atraviesa campos. Él busca en las cuevas, llama por los desfiladeros y ahueca sus manos para sanar a sus ovejas si es necesario. El nombre que llama es el tuyo, ¿le escuchas? Su mensaje es simple: Él entregó a Su Hijo para rescatar a todas sus ovejas y llevarlas con Él. ¿Deseas ir con Él? La Biblia dice en Ezequiel 34:11 “Esto dice el Señor Soberano: yo mismo saldré a buscar a mis ovejas y las encontraré” (NTV).

Mar Adentro

“Hay lecciones que Jesús no enseña en la orilla de la tranquilidad, sino en las tormentas mar adentro”. Bien dice el dicho: “Después de la tormenta llega la calma”. Las tormentas suelen ser estruendosas, escrupulosas y escandalosas. En sí, una tormenta es un fenómeno caracterizado por la coexistencia de dos o más masas de aire de diferentes temperaturas. Dicho contraste desemboca una inestabilidad caracterizada por lluvias, vientos, relámpagos, rayos y otros fenómenos meteorológicos. 

Las tormentas en el mar parecen acentuarse aún más. Las grandes olas impetuosas parecen desestabilizar las embarcaciones, pero los marineros saben como soportar las olas y mantener la embarcación a salvo. De la misma manera ocurre en nuestra vida. Las tormentas pueden ser enfermedades, problemas relacionales o financieros, noticias inesperadas, en fin, un cúmulo de más de dos factores que acrecientan los niveles de estrés en nuestras vidas. 

Sin embargo, al pasar por estas tormentas debemos recordar unas cosas muy importantes: todas las tormentas son temporales, los grandes vientos no tienen porqué derrumbarnos en las tormentas, siempre habrá algo que aprender en cada tormenta y el capitán de nuestra embarcación, Jesús, nos puede mantener a salvo. La Biblia dice en Job 11:17-18, “Tu vida será más radiante que el sol de mediodía, y la oscuridad será como el amanecer.18 Vivirás tranquilo, porque hay esperanza; estarás protegido y dormirás confiado” (NTV).

Dios te protege

Un día leí la siguiente frase: “Nadie derrumba a quien Dios levanta. Nadie derrota a quien Dios protege. Nadie maldice a quien Dios bendice”. Dios es nuestra protección. Por ejemplo, las ovejas por naturaleza son animales indefensos, por eso es que el pastor utiliza algunas herramientas para cuidarlas y protegerlas. El pastor usa una vara para proteger y un cayado con un pequeño gancho para rescatarlas. Nosotros somos como ovejas perdidas, así que Jesús vino a la tierra para ser nuestro buen Pastor. Así como un pastor usa las herramientas físicas de la vara y el cayado para proporcionar dirección y protección, Dios quiere protegernos y dirigirnos.

Hay algunas maneras como Dios nos protege. Primero, si le traes tus heridas, Él es compasivo. Él tiene compasión de nosotros porque sabe que somos indefensos sin Él (Mateo 9:36). Segundo, si lo sigues, Él te lleva en la dirección correcta. Él va primero como Pastor y te conduce para que vayas por el buen camino (Juan 10:4). Tercero, si te confundes o te alejas, Jesús te traerá de vuelta. Él deja atrás a las ovejas que están bien y se va en búsqueda de la perdida hasta que la encuentra, ¡qué bendición! (Mateo 18:12). Cuarto, si fracasas o caes, Jesús te rescata y te pone en el camino de la recuperación (Mateo 12:11-12). Por último, si confías en Él para salvación, Su promesa se cumplirá.

La Biblia dice en Juan 10:11, “»Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida en sacrificio por las ovejas” (NTV).

Amar y Escuchar

Hay una gran diferencia entre “oír y escuchar”. Puedes oír algo y no estar realmente escuchando. No puedo decirte cuántas discusiones he tenido o presenciado donde se estaban oyendo las palabras en lugar de las emociones y acciones. A veces las palabras ni siquiera importan. Alguien puede decirte: “Estoy bien”, pero la forma en que lo hace, te dice que no está bien. Escuchar significa que también oyes lo que la otra persona no está diciendo.

Eso se llama empatía. Empatía significa ponerse en el lugar de la otra persona y conocer su punto de vista. Te preguntas: “¿Cómo me sentiría si estuviera en esa situación?” Escuchar con empatía significa que escuchas sin interrupción y oyes los temores y sentimientos. Oyes lo que no están diciendo. No estás tratando de arreglar la situación. ¡A veces la sanidad viene solo por escuchar!

Entonces, el escuchar es probablemente la habilidad más importante para construir amistades y relaciones, porque no puedes amar a las personas sin escucharlas. ¿Estas escuchando o solo estas oyendo a las personas que dices amar? Recuerda que “no se puede amar sin escuchar”. La Biblia dice en Romanos 15:2, “Deberíamos ayudar a otros a hacer lo que es correcto y edificarlos en el Señor”, (NTV)

Corriendo La Carrera

Me llama la atención las historias de atletas bien sean hombres o mujeres quienes ganan las carreras sorprendentemente lo cual muestra su dedicación, su esfuerzo, su sacrificio y su empeño para llegar a ganar una medalla. Ellos entrenan con diligencia por años, privándose de muchos eventos, limitados en sus relaciones y combatiendo siempre con sus emociones para poder lograr sus objetivos. La vida es en sí una carrera. Queramos o no, todos estamos en la pista corriendo. Algunos con pasos muy avanzados y otros, ni saben que están corriendo en la carrera del tiempo. 

En la pista de la vida hay muchos obstáculos. Algunos son físicos, otros emocionales y hasta espirituales. Otros son de índole relacional, social y hasta circunstancial. Sin embargo, todos seguimos corriendo. En dicha carrera, debemos recordar que las buenas cosas no sólo pasan a aquellos quienes las esperan, sino que las mejores llegan a quienes van por ellas. En otras palabras, hay que correr diligentemente para lograr alcanzar las oportunidades que ya están en la pista para que nosotros pasemos por ellas. 
Debemos recordar que para ir realmente rápido en la carrera, hay que frenar un segundo después de lo que te dice el miedo y acelerar un segundo antes de lo que siempre te dicta la lógica. Recuerda que Dios está contigo en la carrera y espera por ti hasta el final. Así que, corre sin parar en la carrera del tiempo.  La Biblia dice en Hebreos 12:2a, “puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe…” (NTV) 

Quédate callado

“Quédate callado”. Esa es la directriz que le damos a muchos de nuestros hijos cuando están aprendiendo a comportarse en diferentes lugares, respondiendo a diferentes situaciones o reaccionando a diversas circunstancias de la vida. El quedarse callado(a) puede ser momentáneo o hasta forzado, pero después de unos momentos los niños desean hablar.

¿Cuántas veces hemos callado cosas voluntaria o involuntariamente? ¿Cuántas veces el quedarnos callados ha complicado más las cosas? ¿Cuántas veces el callar no ha sido una buena práctica? Esta bien que hay contextos, ocasiones y circunstancias en las cuales debemos ser prudentes y callar es la mejor práctica, sin embargo, hay muchas veces que hay que hablar, denunciar y sacar las cosas a la luz.

La Palabra de Dios dice que la verdad nos hace libres. De modo que, ejerce tu prudencia, calla cuando tengas que hacerlo, pero habla y denuncia lo que muchos siempre han callado y necesita salir a la luz. Dios honrará tu cordura, tu prudencia y muchas veces, tu valentía. Confiesa tus cargas a Dios y Él te restaurará. La Biblia dice en el Salmo 32:5, “ Finalmente te confesé todos mis pecados y ya no intenté ocultar mi culpa. Me dije: «Le confesaré mis rebeliones al Señor», ¡y tú me perdonaste! Toda mi culpa desapareció” (NTV)

No Hay Nada Más Que Hacer

No hay nada más que hacer. Fueron las palabras desesperadas que escuché de una señora quien lloraba en el ascensor de un hospital porque le habían dicho que su hermana estaba en sus últimas horas de vida. Al enterarse que había orado por alguien en el cubículo de al lado, me pidió de todo corazón que fuese a orar por su hermana. Yo acababa de hacer dos visitas. La primera, a una familia quienes juntos habíamos visto morir a su padre en el cuarto del mismo hospital. Habíamos estado por horas orando hasta que Dios se lo llevó pacíficamente a Su presencia. Fue un tiempo muy emotivo.

La segunda visita era a una niña quien estaba en el mismo hospital y aproveché para visitarle y orar junto a su familia por ella. De modo que lo último que deseaba en ese momento era regresarme a orar una vez más. Sin embargo, fui obediente y seguí a dicha señora. Al llegar, su hermana estaba conectada a máquinas, respirando artificialmente y con toda la familia al lado. Recuerdo hacer hecho una oración muy sencilla y corta, pero de corazón. Dije: “Dios, cuando no hay nada más que hacer, tú decides obrar”. Oré por unos cinco minutos y salí del cuarto al despedirme de la familia.

Como dos años pasaron y yo olvidé dicha visita. Un día en la puerta de la iglesia, una señora me saluda diciendo: “Yo soy la que ya no había nada más que hacer y Dios me levantó a punto de morir. Lo busqué por un tiempo para dejárselo saber”. Así que Dios hace como Él quiere, porque tiene todo el poder. La Biblia dice en Jeremías 32:27, “ 27 He aquí que yo soy Jehová, Dios de toda carne; ¿habrá algo que sea difícil para mí?” (NTV)

Resistencia

¡Resiste! Es la palabra que escuchamos en repetidas veces y en diferentes situaciones de nuestra vida. La resistencia conlleva en sí un sacrificio, un dolor y muchas veces, una necesidad apremiante. El resistir involucra el esperar, el permanecer y el ser constante. El resistir involucra fortaleza, entrega, compromiso, esfuerzo y perseverancia. La resistencia es característica de las personas que consiguen sus metas. La resistencia involucra insistir, persistir, pero nunca desistir.

Sin embargo, el resistir no es nada fácil. La resistencia denota momentos de tensión, de frustración y de supremo dolor. La resistencia es en sí una guerra de fuerzas internas o externas que trata de arrastrarnos de un lugar a otro sin compasión alguna. La resistencia es en si una fuerza difícil de soportar, pero a su vez, una oportunidad para crecer, madurar y aprender de cada situación.

De modo que si estas resistiendo en alguna circunstancia o situación de tu vida, no desistas. Prosigue hacia adelante. Dios es quien te da las fuerzas cuando ya piensas que necesitas desistir. Él te puede ayudar sobrenaturalmente y proveerte las fuerzas para seguir hacia adelante. La Biblia dice en Isaías 40:29, “ Él da poder a los indefensos y fortaleza a los débiles” (NTV)

Confianza

¿En dónde o en quién depositas tu confianza? ¿La depositas en las personas, en las instituciones, en las creencias o hasta en ti mismo? ¿Depositas tu confianza en las cosas o en las circunstancias? ¿En qué la depositas?

Quizá tú o un ser querido enfrentan momentos difíciles y se encuentran con muchas preguntas que no tienen respuesta. La incertidumbre produce un sentimiento de inseguridad y desconfianza. También produce ansiedad y frustración por la incapacidad de no poder hacer algo. Sin embargo, hoy es el mejor momento para depositar nuestra fe y confianza en Dios y recordar que Su sombra jamás produce temor, sino confianza. 
Es en estos tiempos, cuando el temor masivo está intimidando a la humanidad, que las personas de fe debemos buscar a Dios y acudir a Su Palabra para buscar Su dirección y alimentarnos de Sus promesas. Es bueno permanecer informados, pero no permitamos que las noticias negativas nublen nuestra perspectiva y nos llenen el corazón de temor. La Palabra de Dios es verdadera y poderosa, tiene toda autoridad para empoderarnos ante cualquier peste y cualquier situación. Nos podemos acercar al Dios Todopoderoso quien nos cubrirá con Su sombra. La Biblia dice en el Salmo 27:1,El Señor es mi luz y mi salvación, entonces ¿por qué habría de temer? El Señor es mi fortaleza y me protege del peligro, entonces ¿por qué habría de temblar?” (NTV)   

Paciencia

Algunos han dicho que la paciencia es el arte de la espera. Otros dicen que con amor y paciencia nada es imposible, pero la verdad es que el ser paciente es muy difícil. Me refiero cuando la espera es lo único que puedes hacer porque nada más está bajo tu control que solamente esperar. Por ejemplo, esperar una noticia anhelada, esperar una respuesta de un examen crucial, esperar l mejoría de alguien quien está en la cama de un hospital y lo único que te dice el doctor es la palabra esperar. 

¿Cuántas veces nos toca sólo esperar y nada más que esperar? Quizá te encuentras en esas situación y no sabes qué hacer. La Palabra de Dios nos habla de muchos episodios donde el pueblo de Dios tuvo que esperar en Él. Todo el tiempo Dios fue consistente con Sus promesas y los libertó una y otra vez. Sin embargo, la lección más grande es la siguiente: “Lo que Dios hace en la espera es tan importante como aquello por lo cual estamos esperando”. En otras palabras, es durante la espera que Dios nos enseña, nos anima, nos corrige, nos quebranta, nos fortalece y nos guía. 
De modo que la paciencia va conectada de la mano con la espera. Humanamente es difícil ser paciente, por eso pidámosle a Dios que nos ayude en nuestra espera. Él lo hará. La Biblia dice en el Salmo 40:1, Con paciencia esperé que el Señor me ayudara, y él se fijó en mí y oyó mi clamor” (NTV)